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Variedad de colores vivos plasmados en su vestimenta dan cuenta que la mujer azogueña, de la zona rural, sin duda es el resplandor de un pueblo que no descansa, que con alegría advierte senderos mejores.
Llamativo, indiscreto y muy común es observar a la azogueña portando su tradición e historia, en sus prendas de vestir.
La pollera en multitud de colores, la blusa encarrujada, chompas coloreadas, el paño con bordados peculiares o chales, el sombrero blanco, delantal a cuadros, zapatos charolas, sus trenzas y otros distintivos son usuales de admirar en la cholita azogueña. Ella no se avergüenza de su hábito, es parte de su vida común; su acostumbrado traje refleja su sencillez, humildad, respeto, responsabilidad y, a veces, la ingenuidad con la que actúa ante los demás. Son estas las características con las que se distingue a la mujer azogueña, la del campo; sin embargo, no sólo se identifica por su vestimenta sino también por su espíritu emprendedor de trabajo y sacrificio en pos de un Azogues que crece a pasos agigantados.Sus actividades como la agricultura, ganadería, manualidades y tejidos son dignas de destacarlas; en ellas demuestra el ahínco y perseverancia de la mujer azogueña. Es merecedor reconocer un evento que se desarrolla cada año en las festividades abrileñas de la capital de la provincia del Cañar, cuando, por fin, se da realce a la mujer campesina con la elección y proclamación de la Cholita Azogueña. En dicho acto se abren las oportunidades para que las zonas urbanas y las nueve parroquias rurales de Azogues, envíen a sus delegadas en representación de su belleza. Lo primero en admirar en este certamen es la elegancia y garbo de su vestimenta.Es por eso, que la elección de la Cholita Azogueña se ha convertido a través de la historia en uno de los íconos admirables de la tradición cañarense. No obstante, debemos notar que esta tradición, tan nuestra, poco a poco se va exterminando; los avances de la ciencia, tecnología, los cambios en el siglo XXI, las nuevas costumbres y moda de países extranjeros van sumiéndonos en una realidad que no es la nuestra; y van dando paso a una sociedad con costumbres tomadas de culturas muy ajenas a nuestro contexto social, así lo manifiestan algunos testimonios. Blanca Gerardina Yascaribay, oriunda de San Marcos de la parroquia Luis Cordero, mantiene su taller de confección de las prendas típicas de vestir de la mujer campesina, desde hace 15 años. Sostiene que la moda ha impuesto los avances, han hecho que quede de lado el uso del atuendo que caracteriza la identidad de estos pueblos.“La demanda ha bajado notablemente, diría la cuarta parte. Ahora se confeccionan polleras sólo para mujeres mayores de edad, y no para las niñas”, expresó con descontento y tristeza doña Blanca. A sus 43 años de edad, indicó que ella confecciona la ropa, especialmente las polleras, desde los 18 años, con los bordados que reflejan largas horas de trabajo. Las polleras que actualmente confecciona son en colores vivos, como rosado, rojo, verde, azules y turquesa.Cuenta que sus clientas fijas y fieles son oriundas de Taday, Pindilig, Rivera, San Marcos, Cojitambo y Guapán.Pero, vestirse como azogueña resulta muy costosa. Los precios de la ropa van desde los 32 dólares hasta los 90 dólares. Por ejemplo, la pollera cuesta 70 dólares, según el tamaño; el sombrero 30; el paño bordado con el escudo nacional 90; delantal 6; y la blusa de 30 a 35 dólares; a pesar de ello, doña Blanca manifiesta que la economía no es un impedimento para rescatar la cultura.María Guamán, oriunda de Cojitambo, dijo sentirse muy contenta por vestir “elegante” y que llevará su atuendo hasta los últimos días de su vida. Es por eso, motivo de mucha importancia rendirte consideración y estima a ti mujer azogueña, que encierras virtudes y afectos dentro de tu alma y corazón bondadoso, que cada día aportas al desarrollo del cantón, la provincia y nación. “Mujer campesina, azogueñita, eres digna de este homenaje en las fiestas de Azogues”. Diana Sanango Lema |